En un mundo desgarrado por la violencia, ¿como sembrar gestos de paz?¿Como tejer una cadena de sembradoras y de sembradores de paz?
Por Yvonne Galland
El 23 de mayo del año pasado partió desde Bouznika en Marruecos la "Caravana de Mujeres por la Paz". Viene recorriendo varios continentes de etapa en etapa, dejando huellas de Paz, tejiendo una cadena de sembradores y sembradoras de Paz, y así seguirá hasta llegar, el 26 de octubre de este año, a Neuchatel en Suiza.
A fines de mayo y principios de junio llega al Río de la Plata una delegación de mujeres provenientes de Tahití, Polinesia Francesa; pertenecientes ellas a la Iglesia Protestante de Mahoi, la cual luchó junto con el gobierno local contra el gobierno francés para que cesen las explosiones atómicas experimentales en el atolón de Mururoa. Vienen trayendo la posta y el Rollo con los mensajes de Paz que recoge esta Caravana en su paso por las diferentes etapas. Ellas a su vez lo recibieron de las mujeres de Nueva Caledonia. Finalizado el pasaje por el Río de la Plata, una delegación de mujeres de la Iglesia Evangélica Valdense llevará la posta, el Rollo y nuestros mensajes de Paz a las mujeres de la Iglesia Evangélica Valdense de Italia.
La idea de la Caravana de Mujeres por la Paz surge de varias experiencias vividas en el marco de la Cevaa (*) con muchas mujeres de diferentes partes del mundo vinculadas a los movimientos de mujeres por la Paz. Para citar sólo algunas:
En marzo del 2004, en plena crisis de Costa de Marfil, un grupo de mujeres de las Iglesias de la Cevaa se encuentran en Abidjan con mujeres marfileñas, cristianas y musulmanas para darles su apoyo en la lucha por la Paz. Se empiezan a tejer lazos de solidaridad, intercambio y oración entre mujeres de diferentes lugares y religiones.
El Movimiento de Mujeres para la Paz de Bangui: en medio de la guerra civil que perturba a la Republica Centroafricana desde hace años, mujeres cristianas y musulmanas se unieron para manifestar su voluntad de Paz para ese país, para sus niños, sus maridos, sus padres.
Tomando una imagen profundamente bíblica, la Caravana evoca el movimiento, el recorrido y el desplazamiento, recordando la marcha hacia la tierra prometida del pueblo judío liberado de la esclavitud y caminando por el desierto.
Evoca igualmente el campamento a través de la imagen de la carpa: se establece un campamento para descansar, reabasteserce, para entablar comercio con un entorno nuevo. El lugar de campamento se elige por las cualidades y las virtudes que ofrece. Se para no para quedarse definitivamente, sino por un tiempo mas o menos largo, un tiempo que deja huellas, que crea lazos.
La Caravana de Mujeres por la Paz se asocia a este simbolismo del trayecto y el campamento.
Se inscribe también dentro del tema: “Al encuentro de nuestros vecinos”. Se trata acá de ir al encuentro de todos aquellos que están sufriendo la pobreza, los conflictos, la guerra.
En un mundo desgarrado por la violencia, ¿como sembrar gestos de paz?
¿Como tejer una cadena de sembradoras y de sembradores de paz?
Tal es la apuesta que queremos promover con la Caravana de Mujeres por la Paz.
Como objetivos de la Caravana están:
• el permitir el encuentro entre mujeres de Iglesias de la Cevaa y otras Iglesias, para que se tejan lazos y se establezca una cadena de mutuo sostén y solidaridad;
• suscitar encuentros, gestos, compromisos, susceptibles de llevar Paz, sanación y reconciliación;
• reforzar la animación teológica y bíblica popular en los compromisos de la comunidad; suscitar en las Iglesias de la comunidad las ganas y el deseo de hacer nacer en su seno muchos núcleos de esperanza en acción portadores de una cultura de Paz y de reconciliación. “En Cristo llamados a ser comunidades de sanación y de reconciliación”;
• alentar las Iglesias a desarrollar sus lazos con otros medios sociales, culturales, religiosos en una perspectiva de diálogo, paz y armonía social.
Recorrido
El recorrido de la Caravana de Mujeres por la Paz ha sido trazado a través del conjunto de Iglesias de la Cevaa entre las cuales está la Iglesia Evangélica Valdense.
Durante dos años, desde una Asamblea General de la Cevaa a otra, de Bouznika (Marruecos) a Neuchâtel (Suiza), la Caravana recorrerá varios continentes, pasando suscesivamente por Marruecos, Senegal, Costa de Marfil, Togo, Benin, Camerún, Gabón, Congo Brazzaville, República Centroafricana, Ruanda, Tanzania, Zambia, Lesotho, Mozambique, Madagascar
Islas de Mayote, Mauricio y La Reunión, Nueva Caledonia, Polinesia Francesa, Argentina, Uruguay, Italia, Francia, Suiza.
Momentos fuertes y significativos entorno al tema de la Paz serán propuestos y vividos en cada una de las etapas que marcan este recorrido. Son tiempos que permiten el intercambio, el trabajo bíblico, el compartir experiencias y logros, la celebración, la alabanza y la oración, el compartir espontáneo en el encuentro y la alegría.
En las Iglesias que acogen la Caravana se desarrolla un trabajo de preparación de ese tiempo que se compartirá, y luego un trabajo durante el pasaje de la Caravana.
Quedarán huellas, serán las huellas de la Paz y de la reconciliación.
A medida que la Caravana avanza se crean lazos, se construye una cadena, se genera un sentimiento de pertenencia y de solidaridad: Así camina la Paz, es la Paz que esta en movimiento.
De una etapa a otra, de una Iglesia a otra se pasa el relevo a través de una delegación de mujeres venidas de la Iglesia que ha recibido la Caravana, al grupo de mujeres que en la nueva Iglesia acoge la Caravana; y así continúa sucesivamente de Iglesia en Iglesia.
Un "testigo" se pasará de etapa en etapa, a manera de antorcha. Ese testigo será también un símbolo de la Paz: un Rollo.
El Rollo Testigo
Un rollo en tela fue confeccionado por las mujeres de la comunidad de Celle (Francia) formado por paños de 1m x 90 cm unidos por cintas de colores. Sobre esos paños cada Iglesia dejará su mensaje de Paz. Las mujeres se lo pasarán de etapa en etapa. El rollo acompañará la Caravana durante todo su recorrido y será desenrollado finalmente al culmino de la ésta, en la Asamblea General de la Cevaa en Neuchatel, Suiza.
El Rollo será el testigo que hará el lazo entre todas las Iglesias.
El rollo es una imagen bíblica que evoca los libros de los profetas, el mensaje de Dios que pasa por las manos humanas. Será el mensaje de Paz que las mujeres dejan a la posteridad, un guiño para invitar a las generaciones futuras a mantener la Paz.
http://www.caravane.cevaa.org/
(*)CEVAA, antes Comunidad Evangélica de Acción Apostólica, ahora transformada en Comunidad de Iglesias en Misión.
Promueve el espíritu para la acción.
Trabaja con la Inter-culturalidad, a través del desarrollo de comunidades (Chaco),
SIDA,
Diálogo inter-religioso (Islam, Budismo)
Salud, educación, Intercambio jóvenes, laicos, pastores, becas de estudio
El rol de la mujer es muy subrayado.
La Cevaa tiene su sede en Montpellier, Francia, está dividida por regiones: América Latina y Oceanía, Europa, África, Asia...
Comunidad ecuménica Valdense y Reformada Suizo Francesa (adscripta al Sínodo Valdense).
jueves, 15 de mayo de 2008
lunes, 28 de abril de 2008
La naturaleza no es muda
Por Eduardo Galeano
Publicado en Página 12, domingo 27 de abril de 2008
El mundo pinta naturalezas muertas, sucumben los bosques naturales, se derriten los polos, el aire se hace irrespirable y el agua intomable, se plastifican las flores y la comida, y el cielo y la tierra se vuelven locos de remate.
Y mientras todo esto ocurre, un país latinoamericano, Ecuador, está discutiendo una nueva Constitución. Y en esa Constitución se abre la posibilidad de reconocer, por primera vez en la historia universal, los derechos de la naturaleza.
La naturaleza tiene mucho que decir, y ya va siendo hora de que nosotros, sus hijos, no sigamos haciéndonos los sordos. Y quizás hasta Dios escuche la llamada que suena desde este país andino, y agregue el undécimo mandamiento que se le había olvidado en las instrucciones que nos dio desde el monte Sinaí: “Amarás a la naturaleza, de la que formas parte”.
- Un objeto que quiere ser sujeto
Durante miles de años, casi toda la gente tuvo el derecho de no tener derechos.
En los hechos, no son pocos los que siguen sin derechos, pero al menos se reconoce, ahora, el derecho de tenerlos; y eso es bastante más que un gesto de caridad de los amos del mundo para consuelo de sus siervos.
¿Y la naturaleza? En cierto modo, se podría decir, los derechos humanos abarcan a la naturaleza, porque ella no es una tarjeta postal para ser mirada desde afuera; pero bien sabe la naturaleza que hasta las mejores leyes humanas la tratan como objeto de propiedad, y nunca como sujeto de derecho.
Reducida a mera fuente de recursos naturales y buenos negocios, ella puede ser legalmente malherida, y hasta exterminada, sin que se escuchen sus quejas y sin que las normas jurídicas impidan la impunidad de sus criminales. A lo sumo, en el mejor de los casos, son las víctimas humanas quienes pueden exigir una indemnización más o menos simbólica, y eso siempre después de que el daño se ha hecho, pero las leyes no evitan ni detienen los atentados contra la tierra, el agua o el aire.
Suena raro, ¿no? Esto de que la naturaleza tenga derechos... Una locura. ¡Como si la naturaleza fuera persona! En cambio, suena de lo más normal que las grandes empresas de los Estados Unidos disfruten de derechos humanos. En 1886, la Suprema Corte de los Estados Unidos, modelo de la justicia universal, extendió los derechos humanos a las corporaciones privadas. La ley les reconoció los mismos derechos que a las personas, derecho a la vida, a la libre expresión, a la privacidad y a todo lo demás, como si las empresas respiraran. Más de ciento veinte años han pasado y así sigue siendo. A nadie le llama la atención.
- Gritos y susurros
Nada tiene de raro, ni de anormal, el proyecto que quiere incorporar los derechos de la naturaleza a la nueva Constitución de Ecuador.
Este país ha sufrido numerosas devastaciones a lo largo de su historia. Por citar un solo ejemplo, durante más de un cuarto de siglo, hasta 1992, la empresa petrolera Texaco vomitó impunemente dieciocho mil millones de galones de veneno sobre tierras, ríos y gentes. Una vez cumplida esta obra de beneficencia en la Amazonia ecuatoriana, la empresa nacida en Texas celebró matrimonio con la Standard Oil. Para entonces, la Standard Oil de Rockefeller había pasado a llamarse Chevron y estaba dirigida por Condoleezza Rice. Después un oleoducto trasladó a Condoleezza hasta la Casa Blanca, mientras la familia Chevron-Texaco continuaba contaminando el mundo.
Pero las heridas abiertas en el cuerpo de Ecuador por la Texaco y otras empresas no son la única fuente de inspiración de esta gran novedad jurídica que se intenta llevar adelante. Además, y no es lo de menos, la reivindicación de la naturaleza forma parte de un proceso de recuperación de las más antiguas tradiciones de Ecuador y de América toda. Se propone que el Estado reconozca y garantice el derecho a mantener y regenerar los ciclos vitales naturales, y no es por casualidad que la asamblea constituyente ha empezado por identificar sus objetivos de renacimiento nacional con el ideal de vida del “sumak kausai”. Eso significa, en lengua quichua, vida armoniosa: armonía entre nosotros y armonía con la naturaleza, que nos engendra, nos alimenta y nos abriga y que tiene vida propia, y valores propios, más allá de nosotros.
Esas tradiciones siguen milagrosamente vivas, a pesar de la pesada herencia del racismo que en Ecuador, como en toda América, continúa mutilando la realidad y la memoria. Y no son sólo el patrimonio de su numerosa población indígena, que supo perpetuarlas a lo largo de cinco siglos de prohibición y desprecio. Pertenecen a todo el país, y al mundo entero, estas voces del pasado que ayudan a adivinar otro futuro posible.
Desde que la espada y la cruz desembarcaron en tierras americanas, la conquista europea castigó la adoración de la naturaleza, que era pecado de idolatría, con penas de azote, horca o fuego. La comunión entre la naturaleza y la gente, costumbre pagana, fue abolida en nombre de Dios y después en nombre de la Civilización. En toda América, y en el mundo, seguimos pagando las consecuencias de ese divorcio obligatorio.
Publicado en Página 12, domingo 27 de abril de 2008
El mundo pinta naturalezas muertas, sucumben los bosques naturales, se derriten los polos, el aire se hace irrespirable y el agua intomable, se plastifican las flores y la comida, y el cielo y la tierra se vuelven locos de remate.
Y mientras todo esto ocurre, un país latinoamericano, Ecuador, está discutiendo una nueva Constitución. Y en esa Constitución se abre la posibilidad de reconocer, por primera vez en la historia universal, los derechos de la naturaleza.
La naturaleza tiene mucho que decir, y ya va siendo hora de que nosotros, sus hijos, no sigamos haciéndonos los sordos. Y quizás hasta Dios escuche la llamada que suena desde este país andino, y agregue el undécimo mandamiento que se le había olvidado en las instrucciones que nos dio desde el monte Sinaí: “Amarás a la naturaleza, de la que formas parte”.
- Un objeto que quiere ser sujeto
Durante miles de años, casi toda la gente tuvo el derecho de no tener derechos.
En los hechos, no son pocos los que siguen sin derechos, pero al menos se reconoce, ahora, el derecho de tenerlos; y eso es bastante más que un gesto de caridad de los amos del mundo para consuelo de sus siervos.
¿Y la naturaleza? En cierto modo, se podría decir, los derechos humanos abarcan a la naturaleza, porque ella no es una tarjeta postal para ser mirada desde afuera; pero bien sabe la naturaleza que hasta las mejores leyes humanas la tratan como objeto de propiedad, y nunca como sujeto de derecho.
Reducida a mera fuente de recursos naturales y buenos negocios, ella puede ser legalmente malherida, y hasta exterminada, sin que se escuchen sus quejas y sin que las normas jurídicas impidan la impunidad de sus criminales. A lo sumo, en el mejor de los casos, son las víctimas humanas quienes pueden exigir una indemnización más o menos simbólica, y eso siempre después de que el daño se ha hecho, pero las leyes no evitan ni detienen los atentados contra la tierra, el agua o el aire.
Suena raro, ¿no? Esto de que la naturaleza tenga derechos... Una locura. ¡Como si la naturaleza fuera persona! En cambio, suena de lo más normal que las grandes empresas de los Estados Unidos disfruten de derechos humanos. En 1886, la Suprema Corte de los Estados Unidos, modelo de la justicia universal, extendió los derechos humanos a las corporaciones privadas. La ley les reconoció los mismos derechos que a las personas, derecho a la vida, a la libre expresión, a la privacidad y a todo lo demás, como si las empresas respiraran. Más de ciento veinte años han pasado y así sigue siendo. A nadie le llama la atención.
- Gritos y susurros
Nada tiene de raro, ni de anormal, el proyecto que quiere incorporar los derechos de la naturaleza a la nueva Constitución de Ecuador.
Este país ha sufrido numerosas devastaciones a lo largo de su historia. Por citar un solo ejemplo, durante más de un cuarto de siglo, hasta 1992, la empresa petrolera Texaco vomitó impunemente dieciocho mil millones de galones de veneno sobre tierras, ríos y gentes. Una vez cumplida esta obra de beneficencia en la Amazonia ecuatoriana, la empresa nacida en Texas celebró matrimonio con la Standard Oil. Para entonces, la Standard Oil de Rockefeller había pasado a llamarse Chevron y estaba dirigida por Condoleezza Rice. Después un oleoducto trasladó a Condoleezza hasta la Casa Blanca, mientras la familia Chevron-Texaco continuaba contaminando el mundo.
Pero las heridas abiertas en el cuerpo de Ecuador por la Texaco y otras empresas no son la única fuente de inspiración de esta gran novedad jurídica que se intenta llevar adelante. Además, y no es lo de menos, la reivindicación de la naturaleza forma parte de un proceso de recuperación de las más antiguas tradiciones de Ecuador y de América toda. Se propone que el Estado reconozca y garantice el derecho a mantener y regenerar los ciclos vitales naturales, y no es por casualidad que la asamblea constituyente ha empezado por identificar sus objetivos de renacimiento nacional con el ideal de vida del “sumak kausai”. Eso significa, en lengua quichua, vida armoniosa: armonía entre nosotros y armonía con la naturaleza, que nos engendra, nos alimenta y nos abriga y que tiene vida propia, y valores propios, más allá de nosotros.
Esas tradiciones siguen milagrosamente vivas, a pesar de la pesada herencia del racismo que en Ecuador, como en toda América, continúa mutilando la realidad y la memoria. Y no son sólo el patrimonio de su numerosa población indígena, que supo perpetuarlas a lo largo de cinco siglos de prohibición y desprecio. Pertenecen a todo el país, y al mundo entero, estas voces del pasado que ayudan a adivinar otro futuro posible.
Desde que la espada y la cruz desembarcaron en tierras americanas, la conquista europea castigó la adoración de la naturaleza, que era pecado de idolatría, con penas de azote, horca o fuego. La comunión entre la naturaleza y la gente, costumbre pagana, fue abolida en nombre de Dios y después en nombre de la Civilización. En toda América, y en el mundo, seguimos pagando las consecuencias de ese divorcio obligatorio.
sábado, 19 de abril de 2008
PARA REFLEXIONAR
Un hombre hablaba del cielo y del infierno con el Señor. El Señor le dijo al hombre:-Ven te mostraré el infierno.Entraron en un cuarto donde había un grupo de individuos sentados en torno de una gran olla de guiso.Todos estaban famélicos y desesperados. Cada uno tenía una cuchara que llegaba a la olla, pero todas las cucharas tenían un mango mas largo que su propio brazo, así que no podían usarla para llevarse la comida a la boca.El sufrimiento era terrible.
-Ven te mostraré el cielo, dijo el Señor después de un rato.Entraron en otra habitación, idéntica a la primera: la olla con guiso, el grupo de personas, las mismas cucharas largas.Pero alli estaban todos felices y bien alimentados.-No entiendo, dijo el hombre, ¿Cómo aquí estan felices y en el otro cuarto todos estan tristes, si todo es igual?
El Señor sonrió.-Es muy simple, dijo, Aquí aprendieron a alimentarse unos a otros.
Que podamos aprender a alimentar nuestros corazones, aprendiendo a alimentar el corazón de nuestro prójimo.
Un hombre hablaba del cielo y del infierno con el Señor. El Señor le dijo al hombre:-Ven te mostraré el infierno.Entraron en un cuarto donde había un grupo de individuos sentados en torno de una gran olla de guiso.Todos estaban famélicos y desesperados. Cada uno tenía una cuchara que llegaba a la olla, pero todas las cucharas tenían un mango mas largo que su propio brazo, así que no podían usarla para llevarse la comida a la boca.El sufrimiento era terrible.
-Ven te mostraré el cielo, dijo el Señor después de un rato.Entraron en otra habitación, idéntica a la primera: la olla con guiso, el grupo de personas, las mismas cucharas largas.Pero alli estaban todos felices y bien alimentados.-No entiendo, dijo el hombre, ¿Cómo aquí estan felices y en el otro cuarto todos estan tristes, si todo es igual?
El Señor sonrió.-Es muy simple, dijo, Aquí aprendieron a alimentarse unos a otros.
Que podamos aprender a alimentar nuestros corazones, aprendiendo a alimentar el corazón de nuestro prójimo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)