viernes, 27 de mayo de 2011

PENTECOSTÉS

PENTECOSTÉS
EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO
Hechos de los Apóstoles: cap.2.


“Y yo enviaré sobre ustedes lo que mi Padre prometió...” (Lucas 24:49ª)
“...Cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, recibirán poder y saldrán a dar testimonio de mí, en Jerusalén, en toda la región de Judea y de Samaria, y hasta en las partes más lejanas de la tierra.” (Hechos 1:8)
“Cuando llegó la Fiesta de Pentecostés, todos los creyentes se encontraban reunidos en un mismo lugar... Y todos quedaron llenos del Espíritu Santo” (Hechos (Hechos 2:1,4ª)

El evangelista Lucas escribió el evangelio que lleva su nombre y también el libro de los Hechos de los Apóstoles, que es la continuación del evangelio. Para Lucas, el centro de la historia de la salvación es Cristo, es decir, el tiempo de su ministerio entre el bautismo recibido del Espíritu y la ascensión (glorificación en la presencia del Padre).
Antes de Jesús estaba el tiempo de Israel, el Pueblo de Dios del antiguo pacto o alianza. Después de Jesús viene el tiempo de la Iglesia, tiempo que continúa y proyecta la dirección del antiguo Israel, pero afirmada en la base de un nuevo pacto. Este pacto es la realidad del ministerio de Cristo, el cual abraza la entera humanidad.

1) Según el relato de Hechos de los Apóstoles cap. 2, los judíos dispersos entre las naciones se encuentran en Jerusalén. Pentecostés o Fiesta de las Semanas era una fiesta de peregrinación 50 días después de Pascua, la cual cerraba el ciclo de la cosecha del trigo y la cebada. Era una fiesta de gratitud, una fiesta de la cosecha.

2) Pero esta fiesta también recordaba la promulgación de la Ley en el Sinaí bajo el liderazgo de Moisés, cuando Israel peregrinaba en el desierto rumbo a la Tierra Prometida. Esto significaba que el pueblo creyente renovaba su compromiso con Dios, quien le había dado normas de vida para conducirse con justicia y honestidad, y lo seguía manteniendo mediante la donación de los frutos de la tierra. Israel debía acordarse de Aquel a quien debía permanente fidelidad.

3) Lucas, preocupado por señalar la expansión vigorosa de la Iglesia Original, destaca la representación internacional presente en el nacimiento oficial de la misma (Hch.2:5-11). Se presentan hermanos/as de diferentes procedencias, culturas, idiomas, y sin embargo todos se entienden, porque el Espíritu de Cristo los une. A partir de Jerusalén, la ciudad donde el Señor Jesús fue crucificado y resucitó, la Iglesia es un movimiento en el que caben todos los que creen en Jesús y reciben su Espíritu con total disposición. Jerusalén, entonces, simboliza la unidad del nuevo Pueblo de Dios y el arranque misionero hasta los lugares más distantes.

Señalemos algunas consideraciones sobre el don del Espíritu.

4) Antiguamente era dado sólo a algunas personas (leer p.ej. Números 11:17,25,29). Pero ya el profeta Joel había anunciado que Dios derramaría su Espíritu sobre toda la humanidad, y que tanto los jóvenes como los ancianos creyentes gozarían de los “sueños” y “visiones” de la nueva presencia de Dios en el mundo (ver Joel 2:28-32 y Hch.2:16-21).

5) El Espíritu es la fuerza impulsora de la Iglesia; constituye la presencia del Resucitado entre los creyentes. La vida cambia cuando los cristianos se reúnen, escuchan el mensaje del Señor, esperan confiados en su poder de renovación de todas las cosas, y se unen en la marcha de su Reino. El objetivo final es alcanzar a todos con el Evangelio. La Iglesia es el instrumento del Espíritu de Cristo para la comunicación viva de su acción.

6) El Espíritu produce en la persona la vuelta a Dios y la aceptación de su perdón (cf.Hch.2:38). A menudo, por diversas circunstancias en la vida, nos preguntamos “¿qué debemos hacer?”, así como lo habían hecho aquellos creyentes en Jerusalén (Hch.2:37). Diferentes caminos se nos cruzan por delante y la opción de elegir uno no siempre nos resulta fácil. La Biblia nos llama a empezar cada uno a ponerse en buena relación con el Dios de Jesucristo, y entonces todo lo demás quedará alumbrado por esta luz. ¡Nuestro futuro depende de la decisión por Cristo que hagamos ahora!

7) El Espíritu es la levadura de crecimiento de la Iglesia. Dice Hch.2:47b: “...cada día el Señor añadía a la Iglesia los que iban siendo salvos.” Pero no la hace crecer sólo en número sino también en la sabiduría de la fe, como dice Jesús según Juan 14:26: “el Espíritu Santo... les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que les he dicho”.

8) El Espíritu es quien da fuerza a los cristianos para sobrellevar las críticas mal intencionadas, las persecuciones y las injusticias (cf. Hch.5:29,32)

9) El Espíritu Santo se manifiesta renovando el alma de la persona creyente, y le hace decir al apóstol Pablo: “ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gál.2:20).

Álvaro Michelin Salomon