martes, 15 de noviembre de 2011

El canto de María: "Magnificat"

Lucas 1:46-55
Antes, a la virgen María, le corresponde la parte humana de dar a luz y educar, junto con José, su esposo, a quien será el Salvador, Cristo el Señor. La concepción de Jesús en el vientre de María como un acto especial del Espíritu Santo (cf. Lucas 1:35; Mateo 1:18ss) no pretende explicar, para nuestra ciencia moderna, el proceso biológico del nacimiento como si Jesús no hubiera sido auténticamente humano. Los evangelistas quieren destacar, sí, el acontecimiento extraordinario por el cual Dios se incorpora definitivamente en nuestra historia mediante la persona de Jesús.

El Canto de María, denominado el «Magnificat» (alaba, engrandece, ensalza) por su palabra inicial en latín, es puesto por Lucas como el anticipo de lo que será el ministerio de Jesús. El himno es correspondido luego por el Canto de Zacarías, llamado también «Benedictus « (Lucas1:68-79). Tanto el ministerio de Juan el Bautista como el de Jesús, entonces, vienen anunciados proféticamente antes de nacer ellos.

La primera parte del Magnificat (Lc.1:46-49) se refiere a la bienaventuranza personal de María porque Dios la eligió como parte de su plan de vindicación de los pobres y los humildes.
La segunda parte del Magnificat (vv.50-55), por otro lado, se refiere también a un anuncio profético a favor de los pobres y, asimismo, al cumplimiento de la promesa hecha a Abraham (cf. Génesis 12:1-3, «…haré de ti una nación grande, te bendeciré, engrandeceré tu nombre y serás bendición… y serán benditas en ti todas las familias de la tierra»).

María se siente bienaventurada, alegre, reconocida por Dios. Es mujer, es pobre, es humilde y ha recibido de parte de Dios el anuncio más inesperado y maravilloso (Lc.1:26-38). No lo podrá comprender cabalmente pero lo experimentará bien desde adentro de su ser. Se siente, además, acompañada por Elisabet, su pariente, ya que la propia María se dispone a visitarla y acompañar a Elisabet durante el embarazo de ésta (Lc.1:39-45). María, como Ana, madre de Samuel, lo hizo en su momento (I Samuel 2:1-10), canta a Dios para agradecer por el gran favor que Él le ha hecho. Su himno es el programa del Reino de Dios. Canta visualizando lo que su hijo Jesús enseñará y vivirá unos cuantos años más tarde.

v.53 - «A los hambrientos colmó de bienes y a los ricos envió vacíos» – Jesús dará de comer a multitudes (Lc.9:10-17 y paralelos). Será criticado como infractor del rito del ayuno (Lc.5:33ss y par.). Entrará en la casa de un fariseo para comer con él, donde tendrá un acto de afecto y reconocimiento hacia una prostituta que entra sin permiso (Lc.7:36ss).
Jesús y sus discípulos serán acompañados, servidos y apoyados en sus caminatas por «algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades…» (Lc.8:2ª); muchas mujeres «ayudaban con sus bienes» (8:3b) al grupo de Jesús que estaba necesitado de alimento cotidiano.
Los discípulos deberán entrar en las casas llevando el mensaje de Jesús y su Reino, recibiendo, en contrapartida, el alimento y la buena voluntad de las familias visitadas (Lc.10:1ss y par.). Jesús tendrá en la casa de Marta y María un lugar donde residir temporalmente (Lc.10:38-42). Jesús enseñará una parábola de la gran cena o banquete (Lc.14:15ss), por la cual invita mediante sus discípulos «a los pobres, a los mancos, a los cojos y a los ciegos» (v.21d). Enseñará también una parábola, la denominada del hijo pródigo (Lc.15:11ss), que menciona la situación de pobreza, hambre y trabajos muy mal remunerados (vv.14-17).
Cuenta el evangelista Lucas, asimismo, el encuentro de Jesús con Zaqueo y cómo éste experimentó una conversión espiritual, ética y social (Lc.19:1-10).
El evangelista Lucas redacta muy bien su evangelio, de modo tal que ya antes del nacimiento de Jesús todo indica que Dios pone en marcha su plan de salvación en vistas de una nueva sociedad.

EL MAGNIFICAT SEGÚN MARTÍN LUTERO (2)
«…La bienaventurada virgen María habla en fuerza de una experiencia peculiar por la que el Espíritu Santo la ha iluminado y adoctrinado. Porque es imposible entender correctamente la Palabra de Dios, si no es por la mediación del Espíritu Santo.» (p.177).
«…La santa virgen ha experimentado en sí misma que Dios le ha hecho maravillas, a pesar de ser ella tan poca cosa, tan insignificante, tan pobre y despreciada, ha recibido del Espíritu Santo el don precioso y la sabiduría de que Dios es un señor que no hace más que ensalzar al que está abajado, abajar al encumbrado y, en pocas palabras, quebrar lo que está hecho y hacer lo que está roto.» (p.177).
«Dios es el único en mirar hacia lo de abajo, hacia lo menesteroso y mísero, y está cerca de los que se encuentran en lo profundo, como dice Pedro:

«Resiste a los altivos y se muestra gracioso con los humildes» [I Pe.5:3]. De aquí es de donde surge el amor y la alabanza de Dios. Nadie podría alabar a Dios si antes no le hubiere amado, ni nadie le puede amar si no le conoce de la forma mejor y más suave; la única forma de conocerle así es a través de las obras que manifiesta en nosotros y que sentimos y experimentamos.» (p.178).

«Mi alma glorifica a Dios, mi Señor» – «Estas palabras brotan de un ardor inflamado y de un gozo desbordante, en el que bullen todas sus facultades, toda su vida, y que exulta en su espíritu, (…) como si quisiera expresar: «mi vida, todos mis sentidos, se ciernen en el amor, alabanza y gozo divinos con tal intensidad, que me siento arrastrada a alabar a Dios con fuerza superior a las mías». Esto es lo que exactamente sucede con quienes han gustado la dulzura y el Espíritu de Dios: sienten más de lo que es posible expresar, puesto que el alabar gozosamente a Dios no es obra humana, sino una pasión alegre, una operación divina inefable, sólo cognoscible desde la experiencia personal (…) (p.180).

Wilma E. Rommel - Álvaro Michelin Salomon
1) Reflexión elaborada con Wilma Rommel, en una versión abreviada de nuestro libro «Estudios Bíblicos para caminar con el Pueblo de Dios – Nuevo Testamento» C. Valdense, Edición de la Iglesia E. Valdense del Río de la Plata, 2004, pp.295-298. - 2) Citas textuales tomadas de LUTERO- OBRAS - Edición preparada por Teófanes Egido Salamanca,
Sígueme, 1977, pp.176-204.